domingo, 30 de agosto de 2015

No quedan días de verano.


Aunque tú no lo sepas
hasta mi jersey favorito te lloró al llegar la primavera
y se marchitó cada amanecer que no nos vio besarnos.
Me vieron las calles caminar
con prisa
y sin ella,
mirando entre los charcos
por esconderme del fantasma que es mi reflejo.

Aunque tú no lo recuerdes,
llovía la noche que nos despedimos,
y sin yo ser de metáforas
-si no hablan de tu sonrisa ladeada-
y sin tú recordar
-si no hablamos entre guitarras y aires estivales-
llovía sobre la acera,
sobre tu pelo,
sobre el jersey mostaza que te lloró al llegar la primavera.

Y desde entonces no ha dejado de llover,
y al apagar la luz se oyen los sollozos del jersey que se ahoga,
de la metáfora que me sonríe amarga,
de la guitarra que perdió la cordura.
Desde entonces la prisa pisa los charcos
por no encontrarse con el reflejo
del invierno que nos vio abrazarnos.

Discúlpame,
hace seis meses que sale el sol
y sin embargo en mis lunes no amanece.

sábado, 30 de mayo de 2015

He crucificado a la parte de mi que descubre tu reflejo
en la sonrisa de la anciana que da los buenos días
sosteniendo en una mano el bastón
y en la otra el peso de los recuerdos;
que te busca entre los andenes de la estación
que abraza al tren que nunca llega en hora.

Ha muerto la parte de mi
que te convierte en poesía
con la esperanza de poder recitar contra tu cuello
todos los versos que te han maquillado los ojos.

Y si en algún rincón sigue vivo un solo retazo
de la parte de mi que te subraya en los libros,
que te traza el mapa al mismísimo infierno
solo por seguir tus pasos hasta un lugar
donde no sea tu alma tan
fría;

si quedase realmente algo
de esa parte de mi
que ruega al diablo por respirar tu olor un segundo más
yo la voy a matar

y no será la primavera la única en florecer:
hoy son las flores de mi alma las que piden resucitar.

martes, 28 de abril de 2015

Mars, mars...

Era enero
y yo ya dibujaba mis intenciones
de escribir odas al sol que sembraría primavera en tus pestañas.

Ingenua la esperanza,
sin saber que lo único que mis manos harían
sería buscar tu voz entre el aullar del gentío,

porque no quedan ya más aventuras
que esconderme tras las esquinas
de recuerdos ajenos
por si debiera cruzarme con tu fantasma
e invitarlo a bailar
en la acera que cruza
la calle principal
de cada ciudad que no conquistamos.

Era enero
y a mi ya me parecía ver rosas crecer
entre los acordes de cada canción que hicimos nuestra.

Ahora dime,

¿cómo voy a escribirle a la primavera?
Si han muerto todas las flores de mi jardín
desde que no viene tu risa
a darles de beber.

martes, 7 de abril de 2015

01/2014

A día de hoy, aún recuerdo el momento exacto en el que decidí que eras arte.

Durante años había conocido muchas miradas azules antes de aquella gélida tarde de diciembre, pero era invierno, el cielo se escondía bajo espesas y grisáceas nubes y aún así, todo lo que mis ojos veían era azul, azul, azul. Regalabas armonía a mis noches cuando, bajo una infinita bóveda estrellada, mi alma se balanceaba entre las cuerdas de tu violín al son de Los Veinticuatro Caprichos de Paganini. Veinticuatro. Así como veinticuatro años de caricias no serían suficientes para moldearte bajo el roce de las gruesas sábanas de franela y que te quedaras para siempre refugiado en el calor de las palmas de mis manos. 

Amor, si Isabel I de Castilla pudiera lamentarse allá donde esté, maldeciría el no haber apoyado la expedición a través de los lunares que adornan tu espalda. Porque, ¿quién necesita un nuevo continente teniendo un corte como el que decora tus pómulos?
Amor, Isabel la Católica perdería toda fe si conociera el azul de tus ojos, pues nadie sería capaz de imaginar cielo más exquisito ni dios más cautivador.

Amor.

¿Crees que si Miguel Ángel hubiera respirado contra el filo de tu clavícula, habría soñado con esculpirte? 

Ni siquiera sé qué habrá de cierto en la locura que adornaba su mente, pero si algo puedo afirmar con completa certeza, es que si del destino dependiera, se fundarían escuelas que enseñaran cómo inmortalizar los pliegues que puntean el contorno de tus ojos cuando sonríes.

Bien sabes que no habría torre capaz de custodiar la bahía que adorna el filo de tu pupila. ¿Quién necesita un montón de piedras pudiendo contemplar la sombra de tus pestañas plasmada contra tus mejillas desde el otro lado de la almohada? Perdona que no hable sobre tus piernas, entrelazadas con las mías durante todos aquellos amaneceres donde mi única meta fue nombrar todos y cada uno de los barrotes que protegían tu mirada. Perdona que no señale cómo el suelo por el que pisábamos reflejaba la luz del sol sólo porque tus talones lo acariciaban. ¿Te has percatado de cómo Marte brillaba con más intensidad durante las noches en las que tu risa escapaba a través del diáfano ventanal, inundando el firmamento?


Lo recuerdo.

Memorias de aquellos instantes, donde nuestros pies bailaban de sala en sala al ritmo de creaciones antepasadas, inundan hoy mis pensamientos. Aquellos breves segundos durante los que mis ojos tropezaron con el enigmático semblante de La Gioconda, comprendí que hay sonrisas milenarias indescifrables y miradas fugaces que esconden la más pura majestuosidad.

Un momento después, te miré. Me miraste.

A día de hoy, aún recuerdo el momento exacto en el que decidí que eras arte.


jueves, 26 de marzo de 2015

22/03/2015

Sin haber pisado París
juraría que puedo distinguir su risa
entre el aullar del viento que arropa la Torre Eiffel.

Juraría que puedo dibujar el eco de sus pasos
trazando el Bulevar de los Italianos,
como si su mera presencia
no fuese suficiente para romper todos los esquemas,

como si el Sena fuese algo más
que la almohada bañada en lágrimas
de una ciudad que se muere por adivinar cada uno de sus suspiros.

Juraría que puedo respirar el humo de aquel cigarrillo que nunca pisó,
como si no me ahogase la hipoteca
por vivir en el ala este de sus ganas de huir.

Sin haber pisado París
he sido turista en el museo que encierra
todas las calles que no deshojamos,

y no sé cómo disfrazar eso de poesía.


martes, 24 de marzo de 2015

15/01/2014

¿Crees que si Miguel Ángel hubiera respirado contra el filo de tu clavícula, habría soñado con esculpirte?