domingo, 30 de agosto de 2015

No quedan días de verano.


Aunque tú no lo sepas
hasta mi jersey favorito te lloró al llegar la primavera
y se marchitó cada amanecer que no nos vio besarnos.
Me vieron las calles caminar
con prisa
y sin ella,
mirando entre los charcos
por esconderme del fantasma que es mi reflejo.

Aunque tú no lo recuerdes,
llovía la noche que nos despedimos,
y sin yo ser de metáforas
-si no hablan de tu sonrisa ladeada-
y sin tú recordar
-si no hablamos entre guitarras y aires estivales-
llovía sobre la acera,
sobre tu pelo,
sobre el jersey mostaza que te lloró al llegar la primavera.

Y desde entonces no ha dejado de llover,
y al apagar la luz se oyen los sollozos del jersey que se ahoga,
de la metáfora que me sonríe amarga,
de la guitarra que perdió la cordura.
Desde entonces la prisa pisa los charcos
por no encontrarse con el reflejo
del invierno que nos vio abrazarnos.

Discúlpame,
hace seis meses que sale el sol
y sin embargo en mis lunes no amanece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario