martes, 28 de abril de 2015

Mars, mars...

Era enero
y yo ya dibujaba mis intenciones
de escribir odas al sol que sembraría primavera en tus pestañas.

Ingenua la esperanza,
sin saber que lo único que mis manos harían
sería buscar tu voz entre el aullar del gentío,

porque no quedan ya más aventuras
que esconderme tras las esquinas
de recuerdos ajenos
por si debiera cruzarme con tu fantasma
e invitarlo a bailar
en la acera que cruza
la calle principal
de cada ciudad que no conquistamos.

Era enero
y a mi ya me parecía ver rosas crecer
entre los acordes de cada canción que hicimos nuestra.

Ahora dime,

¿cómo voy a escribirle a la primavera?
Si han muerto todas las flores de mi jardín
desde que no viene tu risa
a darles de beber.

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