He
crucificado a la parte de mi que descubre tu reflejo
en
la sonrisa de la anciana que da los buenos días
sosteniendo
en una mano el bastón
y
en la otra el peso de los recuerdos;
que
te busca entre los andenes de la estación
que
abraza al tren que nunca llega en hora.
Ha
muerto la parte de mi
que
te convierte en poesía
con
la esperanza de poder recitar contra tu cuello
todos
los versos que te han maquillado los ojos.
Y
si en algún rincón sigue vivo un solo retazo
de
la parte de mi que te subraya en los libros,
que
te traza el mapa al mismísimo infierno
solo
por seguir tus pasos hasta un lugar
donde
no sea tu alma tan
fría;
si
quedase realmente algo
de
esa parte de mi
que
ruega al diablo por respirar tu olor un segundo más
yo
la voy a matar
y
no será la primavera la única en florecer:
hoy
son las flores de mi alma las que piden resucitar.